Julio Alfonso Vera Rosado


29 de Noviembre 1930

15 de Mayo 2026

  • Hombre de Palabra: Un Legado de Esfuerzo y Rectitud

    Esta es una historia de vida realmente inspiradora. Mi abuelo fue el vivo reflejo de lo que significa la resiliencia, el esfuerzo y el amor incondicional por la familia. Es admirable cómo un niño que llegó a la ciudad a los 12 años, gracias a su rectitud y deseo de superación, logró construir un legado tan sólido que hoy alcanza hasta sus bisnietos.

    Un hombre cálido y profundamente respetuoso.

    Hombre de Palabra: Un Legado de Esfuerzo y Rectitud

    Julio Alfonso Vera Rosado nació el 29 de noviembre de 1930, cobijado por el amor y el cuidado de su madre, doña Catalina Rosado Andaluz, y de su abuelo materno, don Juan Rosado Roca, de quien absorbió las primeras enseñanzas de vida. Hijo también de don Secundino Vera Marmolejo, su infancia no estuvo marcada por el calor del hogar, pero el destino le deparaba un camino de temprana madurez.

    A los 12 años, con una maleta llena de inocencia y valentía, se trasladó a la ciudad. En este nuevo horizonte, la familia Moreira Arias se convirtió en su faro: le abrieron las puertas de su hogar, guiándolo y aconsejándolo con un afecto que él siempre atesoró. Aquel niño trabajador se convirtió en un hombre de bien y, hace aproximadamente siete décadas, ingresó a laborar en el emblemático Hotel Humboldt Internacional, que en aquella época dorada era el único hotel de primera clase de la ciudad.

    Fue en esos años de juventud y trabajo donde el amor tocó a su puerta al conocer a una distinguida dama dauleña, con quien unió su vida en matrimonio. De ese amor nacieron sus cuatro hijos, quienes se convirtieron en el motor absoluto de su existencia. Por ellos, sin quejarse jamás, resistió durante años arduas jornadas de trabajo, doblando turnos y venciendo al cansancio, con la única firme convicción de darles un futuro digno.
Amor incondicional
Generosidad sin límites
Sabiduría de vida
Alegría en lo simple

Un Legado de Sabiduría y Valores

Más allá de su entrega laboral, se caracterizó por ser un hombre que se construyó a sí mismo. Fue un apasionado de la lectura, un autodidacta que se autoformó y cultivó su mente a través de la psicología, las páginas de la revista Selecciones y libros de consejos sobre cómo educar a los hijos. Todo lo que aprendía en los libros lo aplicaba en su hogar.

Quienes lo conocieron saben que su vida se rigió bajo tres pilares inquebrantables:

  • La Honradez: Un valor que defendió con el ejemplo diario.
  • La Puntualidad: El respeto por el tiempo de los demás era su carta de presentación.
  • La Palabra: Era un hombre de palabra en el sentido más puro del término. Si ofrecía algo, cumplía; y si sabía que no podía, prefería no comprometerse. Su firma era su mirada y su promesa un contrato sagrado.

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